Ya 2025 quedó en el pasado y amerita un breve balance de una industria de los hidrocarburos que volvió a demostrar su asombrosa fortaleza: comenzando por los aumentos significativos de la producción de petróleo y de gas.

 

Por primera vez se superó el pico de producción de petróleo de final de la década de los 90’s. Asimismo, hubo importantes incrementos en las exportaciones de crudo y de gas. A esto hay que sumarle una reducción del orden del 45% en las importaciones de gas, motivado por el aumento de la producción y el aumento de la capacidad de transporte.

 

Todo esto arrojará un saldo de la balanza comercial de más de 7.000 millones de dólares en 2025, 26% mayor que el año anterior. Y estamos en camino a que esta cifra casi se triplique en pocos años.

 

Se han ampliado las redes de transporte de gas natural y revirtiendo el Gasoducto Norte, lo que, en algún momento, permitirá ampliar la actual exportación de gas a Brasil. Se terminó la ampliación del sistema de transporte de crudo de Oldelval y hay otro proyecto más en cartera. Se está construyendo el oleoducto Vaca Muerta Sur, con un nuevo puerto de carga de petróleo, que le dará más flexibilidad al país como exportador.

 

También están en marcha, en distintas etapas, dos proyectos de GNL, uno liderado por PAE y el otro por YPF. Con ellos se prevén alcanzar exportaciones escalables por hasta 30 millones de toneladas anuales para 2030.

 

A tal efecto, se han otorgado permisos de exportación de gas de largo plazo, por 30 años, hecho que no ocurría en el país desde la década de los 90’s. Por su parte, la SEC está trabajando en restablecer los mercados mayoristas de gas y electricidad, tema importante si queremos terminar con las distorsiones del pasado.

 

Con gran esfuerzo se han estado liquidando deudas del Estado, contraídas en el pasado.

 

Hace tiempo que venimos hablando de que Vaca Muerta puede llegar a producir 1.5 MBOD de petróleo y duplicar su producción de gas. Pues bien, estamos en carrera para lograr ese objetivo. Es y va a ser una tarea compleja y extremadamente demandante.

 

Para entender la dimensión de lo que estamos hablando, voy a dar algunas cifras que arroja nuestro estudio basado en escenarios de crecimiento de la actividad: se deberán utilizar entre 20 y 30 millones de m3 de áridos, entre 2 y 3 millones de m3 de cemento y hormigón, de 4 a 6 millones de toneladas de acero, de 120 a 170 mil kilómetros de ductos y entre 20 y 30 millones de HP.

 

En el pico, se van a necesitar entre 30.000 y 36.000 trabajadores en exploración y producción, y entre 180.000 y 240.000 en construcción. Y todo esto con la participación de una extensa cadena de valor de la Industria que, a la vez, también generará inversión y empleo, a lo largo y a lo ancho del país.

 

Para entender que significamos con una extensa cadena de valor, las 37 principales empresas del sector son abastecidas por cerca de 10.000 empresas, de las cuales 78% son PYMES que emplean más de 220.000 personas. Y para ver su dimensión, estos proveedores facturaron entre 2019 y 2021 un promedio de 4.000 millones de dólares al año.

 

El mercado interno está más que abastecido. Por lo que, todo lo que hoy se está haciendo y lo que se hará en el futuro, solo se justifica como un proyecto puro de exportación de gas y de petróleo.

 

Toda nuestra la cadena de valor, se orienta entonces, a este proyecto de exportación, desde la perforación y terminación de los pozos a la infraestructura para el transporte y la carga en los respectivos buques o ductos de exportación. Para poder mantener las exportaciones actuales y aumentarlas en el futuro, habrá que perforar 1.000 pozos por año, además de nuevas instalaciones e infraestructura.

 

Estamos hablando de inversiones del orden de los 20.000 a 30.000 millones de dólares anuales. Y necesariamente, toda esta tarea, pozos, plantas, ductos, va a requerir del acceso al financiamiento internacional, ya sea corporativo o del sistema financiero externo. Gracias al RIGI se han logrado financiar proyectos como el VMOS.

 

Debemos entonces, seguir trabajando en establecer condiciones generales o especiales para el sector, que permitan el acceso a este financiamiento para el resto de las inversiones mencionadas.

 

Vamos a enfrentar escenarios de precios bajos en los próximos años. Se han incrementado notablemente la cantidad de fracturas por mes y se espera que esta tendencia continúe el año que viene, hecho que se ha logrado con poca incorporación de equipos, lo que muestra el grado de eficiencia alcanzado por la industria.

 

Sin embargo, aún estamos con costos superiores a los del Permian estadounidense, debido en gran parte a la rigidez laboral, la carga impositiva y los costos de importación. Estamos en carrera en lo que respecta al desarrollo de nuestros recursos, pero también entendamos que estamos en carrera contra otros proyectos similares en el mundo.

 

Por eso hay que continuar dándole al sector las condiciones necesarias para un desarrollo sustentable y competitivo a nivel internacional. Tenemos que evitar exigirle a nuestra actividad cosas que no le competen, o que las distraen de sus objetivos de invertir de una manera eficiente en el desarrollo de nuestros recursos. De no ser asi, muy probablemente quedemos relegados en esta carrera, y perder tiempo puede significar perder una oportunidad de crecimiento para el país.

 

Tenemos todas las esperanzas en que vamos por el buen camino. Sigamos así.

 

¡Hasta el próximo número!

> Editorial

Por Ernesto López Anadón

Presidente del IAPG

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